A lo largo de su carrera, la obra de Susana Romero-Alayón fue reseñada por críticos de arte de Argentina, Paraguay y otros países. Reproducimos aquí esos textos completos, con la atribución de cada autor, tal como fueron publicados originalmente.

Susana Romero, Pinturas 1963–1991

La imagen de Susana Romero comienza a gestarse desde el dibujo: desde un mundo de líneas y amplios espacios blancos. Sus primeras figuras ya nacen convocadas por una fuerte necesidad expresiva ligada al destino del hombre y a la comunicación con su entorno: los trazos anchos y parcos, apretados en puntos nerviosos, se contraen y se crispan, forzados a hablar de penurias, de angustias íntimas o la pura soledad del papel vacío y la poética esencialista de sus últimas obras.

Cuando Susana Romero decide pintar esos personajes solitarios y asustados —esas figuras estilizadas y todavía vacilantes— inicia un proceso de ajuste que echa mano de los volúmenes y colores, el juego de las pinceladas, las luces y transparencias. Pero esta apelación a los medios plásticos no abandona aún la urdimbre del dibujo que permanece sosteniendo, callado, la carga densa de los pinceles y que reaparece siempre cada vez que la pintura retrocede exhibiendo su armazón escueto y limpio, el espacio silencioso que le apoya y que le hostiga.

Paralelamente al trabajo de ajuste formal de su imaginería, Susana Romero comienza a profundizar en sus contenidos y significados. Y el expresionismo simple de sus dibujos primeros se abre progresivamente a una particular figuración de lírico sesgo, en algún momento tocado por lo mágico pero siempre más cerca del juego esquivo de las metáforas que del asombro ante la ficción o la naturalidad ante lo absurdo. Su simbología, que va adquiriendo consistencia progresivamente, se constituye desde algunos signos recurrentes que anuncian posteriores reflexiones sobre el espacio y preocupaciones ante la naturaleza que pone en jaque al hombre y termina siempre siendo amenazada por éste. La figura humana participa de un ámbito natural al que, en parte, se enfrenta: los animales, libélulas y abejas se convierten en cifras de otra realidad y, sobre el fondo del paisaje, introducen un forcejeo entre los fuertes retratos y sus presencias menudas.

En este proceso de consolidación de formas y de conceptos, de técnicas y contenidos, las tendencias analíticas proveen, hacia fines de la década del setenta, de nuevos argumentos y recursos expresivos. Un trabajo más meditado sobre el espacio plástico le permite a Susana Romero introducir planteamientos relativos a la relación figura/fondo y realidad/ficción: ventanas suspendidas en el vacío, planos transparentes, paredes y cajas de cristal instauran un ámbito equívoco en el que la oposición adentro/afuera puede ser superada en una lectura simultánea de ambos términos. La reutilización de retratos renacentistas le permite recalcar cierto carácter meta-lingüístico de la obra: las figuras humanas no se refieren directamente a personas reales sino a través de la mediación de imágenes previas; son signos de signos.

La obra de Susana Romero es esencialmente figurativa: siempre tomó como eje la representación, a la que fue fiel a través de posiciones distintas. Sin embargo, las pinturas de flores constituyen una reserva constante de investigaciones cromáticas, técnicas y expresivas: los crisantemos y girasoles, las vagas flores inventadas, son manchas y son texturas, transparencias, densidades. Son estallidos serenos, armonías crispadas.

La última etapa de Susana Romero busca recapitular y sacar conclusiones de sus diferentes momentos estilísticos y técnicos. Los grandes polípticos que aparecen en este momento están cruzados por pinceladas amplias y seguras. Esos mundos comienzan con el paisaje; un paisaje purgado de anécdotas y accidentes, reducido a mero suelo de pastizales procelosos, a puro cielo de luces oscuras. En seguida llegan los insectos: escarabajos, mariposas o libélulas de vuelo leve, vidas efímeras y temblorosas. Después aparecen los caracoles, formas herméticas, cerradas sobre sí mismas, que remiten a la pura interioridad o a la mera ausencia. El hombre entra a escena no como si ésta fuera el recinto preparado para él, sino como si fuera un lugar de paso, un paraje siempre extraño por el que deambula desorientado.

Como corolario, reaparece, definido y ajustado, el eje primero de la poética de Susana Romero, centrada en torno a la condición precaria del hombre, ubicada siempre entre la naturaleza y el símbolo, entre la finitud y el proyecto. Al final, el pasaje entre el espacio real y el paraje soñado es apenas otra ilusión; una paradoja que solo puede resolverse asumiendo la ficción que la sostiene, o comprendiendo que cada paisaje hollado por el hombre queda involucrado en su destino y convertido en tensa palestra de encuentros y desencuentros, en ambiente de representaciones: un escenario de fantasías imposibles.

Luces, cruces y otras formas

Actualmente se encuentra expuesta en el Centro Cultural Borges de Buenos Aires una exposición de pinturas y fotos intervenidas de Susana Romero, artista de origen argentino fuertemente vinculada con el quehacer pictórico y cultural del Paraguay.

La obra de Susana gira obsesivamente en torno a ciertas representaciones, figuras e imágenes provenientes de formas arcaicas y gestos rituales que pueblan nuestros imaginarios y lo llenan de voces y silencios diferentes. El tema del Kuruzú Jeguá, expuesto ahora en Buenos Aires, constituye uno de esos momentos. Las celebraciones del Kuruzú Jeguá, literalmente "la cruz adornada", constituyen un fenómeno rico dentro de un itinerario que arranca de tradiciones guaraníes y coloniales y se despliega a lo largo de un tiempo que cruza nuestro presente. Como gran parte de la tradición mestiza paraguaya, el Kuruzú Jeguá tiene un origen doble. Parte del altar guaraní, ornamentado con plumas, cruces y figuras talladas en madera, se transculturiza con las figuras de la Fiesta de las Cruces de mayo, proveniente de España (Socuéllamos, Ciudad Real), en donde continúa aún la tradición de honrar la cruz en un escenario de flores de papel y billetes de dinero que sirve de ocasión de rezos colectivos.

La manera en que Susana representa las formas del Kuruzú Jeguá expresa el asombro, y a veces el desasosiego, de quien enfrenta un mundo levantado en las fronteras de la memoria compartida y el recuerdo extranjero. Los muchos años en los cuales la artista ha vivido en el país la han involucrado con espacios paralelos que sostienen en secreto su historia mezclada. Son espacios remotos que, aunque se abran en nuestro propio vecindario, son lugares extraños, no solo para quien llega de afuera sino para los que vivimos acá sin entender demasiado lo que ocurre al margen de los libretos globales.

Para nombrar este mundo diferente, para representar la belleza impura de altares mestizos, para cruzar la frontera prohibida que separa lo propio de lo ajeno, la obra de Susana Romero ha debido recorrer otro camino en sus líneas y formas, reinventar sus tonos y colores, apurar el sentido de las formas estabilizadas por la estética occidental, amortiguar el impulso de figuras demasiado impetuosas para decir estas verdades con calma. Por eso, la escena fugaz del Kuruzú Jeguá, sus imágenes claras y sus umbríos armazones aparecen mostrados mediante formas estremecidas y perfiles inciertos, entre luces neblinosas y ambiguos colores nuevos, tratando de captar el silencio que cobija las cañas de castilla y los rosarios de maní, y que arrastran rezos y cantitos sin romperlos. Ahora los colores se apagan y se encienden, ahuyentados o convocados por argumentos furtivos y sombras y luces de velas —y ahora de neón— que sus pinceles desconocían, por temblores y por vértigos, por enigmas apenas intuidos.

Y así el Kuruzú Jeguá se ilumina y oscurece desde el fondo, y se ilumina desde adentro, desde detrás del recinto sacro, para decir el trasfondo de la escena paralela. Nuevamente, transformada y rozada por el secreto del círculo ritual, la imagen de Susana Romero recorre un camino en donde el encuentro con el "Otro" hace que la obra regrese potencializada y vigorosa en la más amplia expresión artística de sus grandes pinturas y sus fotos seriadas e intervenidas, donde nos cuenta de sus íntimos Kuruzú Jeguá, recreando un símbolo que nos es propio y que ella ayuda a volver universal.

English version below / Versión en inglés a continuación

Lights, crosses and other shapes.

Currently showing at the Centro Cultural Borges in Buenos Aires can be found a collection of paintings and intervened photographs by Susana Romero, an Argentinian artist strongly connected to Paraguay's visual and cultural practices. Susana's work obsessively circles around certain representations, figures and images that come from archaic configurations and ritual gestures that inhabit our consciousness and fill it with different voices and silences. The subject of Kuruzú Jeguá, now exhibited in Buenos Aires, constitutes one of those moments. The celebrations of Kuruzú Jeguá, literally "the ornamented cross", is a rich phenomenon and part of an itinerary that begins with guarani and colonial traditions and unfolds until reaching our present time.

The way in which Susana portrays the forms of Kuruzú Jeguá express the amazement, and sometimes despair, of someone who faces a world arisen at the frontiers of shared memory, and foreign remembrance. To name this other world, to represent its impure beauty of half-breed altars, to cross the forbidden frontier that separates the self from the other, the work of Susana Romero has had to travel a different path in its lines and shapes, to reinvent its shades and colours.

And in this way the Kuruzú Jeguá lights up and darkens from the background and lights up from within, from beyond the sacred place, to tell the backdrop of the parallel scene. Again, transformed and grazed by the secret of the ritual circle, the image of Susana Romero travels a path in which the encounter with the "other" makes her work return strengthened and invigorated in the broadest artistic expression of her great paintings and her series of intervened photographs.

Ticio Escobar, September 2001

Los Antojos de la memoria

A través del rito, los hombres y las mujeres concentran al máximo la experiencia colectiva y expresan en clave de poesía lo que no pueden explicar con conceptos disciplinados: las razones oscuras del deseo, el enigma del fundamento y el origen, los caminos arbitrarios de la memoria. Cubiertos de máscaras, los participantes de la fiesta usurpan el rostro de los dioses y de los fantasmas para reimaginar el tiempo y exorcizar la muerte.

Susana Romero levanta una escena en medio de esa escena y representa ese mundo confuso y lúcido, mítico y brillante, en donde acontece la antigua ceremonia de los ancestros, o se levanta la belleza impura de los altares mestizos y de las ceremonias híbridas. Susana gira obsesivamente en torno a ciertas representaciones, figuras e imágenes provenientes de formas arcaicas y gestos rituales que pueblan nuestro imaginario y lo llenan de voces y silencios diferentes.

Las relaciones antropológicas, biológicas y metafísicas, así como la cosmogonía del hombre enlazada al planeta y al universo, se desprenden de la lectura icónica de algunos símbolos, estableciendo una discursividad personal sobre el origen de la vida cuyas resonancias místicas aluden a los habitantes originarios de las tierras y de las aguas.

Los valores cromáticos son casi estudiadísimos, con profunda capa de luz fría y cálida representada por tonos azules y rojizos. Aquí puede sentirse una atmósfera totalmente acuática o térrea cuyo registro lumínico invade la visión, como en la composición de la obra "El rescate". Se debe anotar también la presencia constante de peces y correlatos acuáticos que tiñen gran parte de esta obra de Susana Romero: el elemento agua es presentado como el nexo evolutivo entre la mínima expresión viviente, la célula, y entre el pez branquial y el hombre pulmonar.

Esta pintura, que desarrolla y expande la memoria vedada sobre los orígenes, narraría los vestigios genéticos de un océano de dudas, llevando a la artista al encuentro con sus antepasados, tal vez en busca del paraíso con su árbol de la vida. Nadie sale inmune del círculo del rito. Rozada por el secreto de lo radicalmente otro, y turbada por el riesgo de nombrarlo, la imagen de Susana Romero regresa crecida y diferente.

Susana Romero — Centro Cultural Borges

Cuando Susana Romero decide llevar adelante una obra importante, lo logra. Así, sus peces y su Kuruzú Jeguá —Cruz Adornada—, ritual del misticismo popular del Paraguay y del norte del litoral argentino. Sabemos que ya hace un tiempo que esta argentina, que adoptó la tierra paraguaya durante bastantes años, viene realizando una importante investigación que capta la cosmovisión de esa maravillosa región, que cautiva a quienes la han pisado.

En acrílico sobre tela, como en "El árbol de la vida", Susana Romero nos muestra figuras humanas y de peces en un fondo azul que bien podría ser acuático. En el Kuruzú Jeguá, desde la oscuridad basal, una suerte de himno se eleva a regiones anaranjadas hacia las que confluyen las figuras humanas para disolverse en el plano superior. También "El rescate" alterna oscuros con anaranjados en el centro, hacia donde convergen humanos, peces y algún jinete.

Todo está bañado por la fuerza poética de esta creadora que ha sabido explorar y develar los más íntimos secretos de esa mágica región. Susana Romero, que figura en importantes museos tanto de Paraguay como de la Argentina, cumplió además una destacada tarea docente cuando asumió la dirección del Taller de Artes Visuales del Museo Paraguayo de Arte Contemporáneo.

Quienes conozcan a Susana Romero podrán apreciar la autenticidad de sus pinturas, que emana de la autenticidad de su persona, un espíritu insobornable puesto al servicio de los altos reclamos de la creación artística.

Sobre la obra de Susana Romero-Alayón

Susana Romero-Alayón ha expuesto en varias partes del mundo, en exhibiciones y salones de renombre, siempre fiel a un estilo personal de estudioso trabajo, comprometida totalmente con lo que la moviliza: los mitos sincréticos en general y, en particular, los mitos de los indios de América, especialmente los de las culturas andinas, desde los Anasazi hasta los Mapuche, recorriendo todas aquellas culturas latinoamericanas primigenias.

Hoy Susana Romero-Alayón hace uso de esas imágenes plasmadas en glifos y petroglifos, captándolas en "cajitas" que ella ha bautizado "Señales Arcaicas", donde junto con exvotos —que ha coleccionado a lo largo de años de investigación sobre estas culturas— ha desarrollado su obra en metal, papel y acrílico, reconstruyendo sueños y deseos de quienes nos precedieron en América.

A través del conocimiento de las primeras culturas del mundo, podremos saber quiénes somos y adónde vamos. Los signos que nos han dejado son hitos arquetípicos de la humanidad, mensajes repetitivos de la memoria colectiva e individual que nos permiten trazar un hilado a través de la historia. Este es el camino que ha recorrido Susana Romero-Alayón en su obra sobre los ritos y mitos del Paraguay. Como una chamán contemporánea, recoge lo más significativo de sus sueños para plasmarlo en su arte, haciendo coincidir su mundo onírico con el testimonio que han dejado las culturas arcaicas.

La artista lo explica en sus propias palabras: "Sería muy largo enumerar las fuentes literarias que me han dado las pistas para seguir mis intuiciones; vengo buscando desde hace tiempo, creo que desde mi infancia. Cuando comencé a vislumbrar el mundo mágico de los ritos —reencontrados en Paraguay—, en función de las invocaciones de los hombres, comencé a leer sobre estos temas [...]. Después de una experiencia directa con los rituales, pasé a plasmar en mis imágenes formales los temas de la naturaleza, el hombre y la mujer, la idea de los caracoles como símbolo del espiral y el universo, que también representa en sus formas a la geometría sagrada. De allí di solo un paso más: querer llegar a representar lo intangible de ciertas manifestaciones místicas y populares, como el Kuruzú Jeguá y el Kambá ra angá, que viví durante el período en que residí en Asunción del Paraguay."

Susana Romero

Las obras actuales de Susana Romero muestran la complejidad de un estilo que crece en el hacer. Sus trabajos, marcados desde los comienzos por el notable manejo de los medios plásticos, se hallaban inscriptos dentro de un expresionismo donde prevalecía la figura humana y el paisaje proyectado hacia el cosmos en relaciones dinámicas plasmadas por la fuerza de la pincelada y la intensidad del color. En una etapa posterior incorpora el imaginario de la región guaraní, investiga en los mitos y los ritos de esa cultura y transpone sus signos y símbolos a la pintura —Kuruzú Jeguá, Kambá-ra-angá— y, en particular, a las instalaciones donde recrea el sentimiento profundo de esa cosmovisión.

Otra respuesta a la incesante pregunta que se plantea Susana Romero ante la creación artística la da en la serie de Cajas y objetos. Si bien fiel a los motivos recurrentes de la cultura indígena paraguaya, también admite símbolos de otros orígenes, como los productos de descarte de la sociedad de consumo industrial o los objetos encontrados al azar que conviven en las expresiones persistentes de la cultura popular.

En otra serie de cajas se arriesga con el acrílico, utilizando las cambiantes transparencias que este material permite, incorporando tallos y flores secas detenidos sin alteración en su evolución natural. En sus últimos trabajos, Romero trabaja con papel artesanal como soporte donde vuelca leves datos de la realidad: fragmentos de textos, inscripciones, delicados grafismos, manchas de color diluido y aun visiones del Kuruzú.

En la serie de dibujos y fotografías intervenidas, Susana celebra nuevos espacios inestables, cargados de sentido. Es una artista lúcida de su propia circunstancia y de su tiempo. Se expresa en libertad con un lenguaje enriquecido por nuevos medios como la fotografía, procedimiento a través del cual vuelca estados interiores en las formas naturales, paisajes poblados de seres queridos, asociaciones de recuerdos, sueños y premoniciones bañadas de una luz subjetiva de plena espiritualidad.

Singular figuración en la muestra de Susana Romero

Llegará a San Nicolás, a Astul Espacio de Arte, una muestra de la artista plástica Susana Romero. De larga y conocida trayectoria en nuestro país como en el Paraguay, donde vivió 20 años y realizó gran parte de su obra, esta artista y su poética nos confrontan con el monumental diapasón del arte que permite a su creador plasmar sus más íntimos credos. En este caso asistimos a la poética del rito, el mito y la naturaleza; a la comunión de una artista con el suelo: el interior de nuestro país y el suelo paraguayo.

La singular figuración de Susana Romero se emplaza en el punto medio entre ese mundo asequible y visible, exterior, y aquel interior y abstracto. Romero está entre lo objetual y lo conceptual, lo reconocido y avalado en el mundo real —el pez, el caracol, el paisaje, la figura humana, la flor— y lo que ello significa y conlleva. No es solo lo tangible y visible del mundo objetual lo que esta artista plasma en el lienzo; es el pasado, es el ritual, es la historia, es el Paraguay y son sus mitos, sus ritos y sus creencias; es Argentina, el interior desnudo, presente en esta dialéctica entre lo abstracto —porque es idea lo que pinta— y lo figurativo del cómo pinta.

Pez, y flor, azul y cruz, objeto y símbolo en el conjuro de una poética simple y compleja, bella y sensible, fuerte y duradera como lo es el mito: son, tal vez, las claves para acceder al mundo de Susana Romero. Kuruzú Jeguá, la Cruz Adornada, es seguramente la clave de su poética. Un objeto bello como sencillo, la pequeña flor rosada que forma apretada una cruz, reina como ritual popular del Paraguay y el norte argentino. Forma que muda en signo, objeto e idea, universos confrontados y hermanados, referente y referido.

Susana Romero fue sin duda marcada, feliz y felizmente, por su vida en el Paraguay. Ritos, signos, mitos, folclores, creencias, seres, hacen de la obra de esta artista sensor de vida, traductor de vida. Su estética, bellamente bella y seductora, "fauve", acariciable, puede ser gozada aun desnuda, incluso como forma pura —aunque sería un pecado ver en su producción solo forma, cuando es su obra una doble invitación: a los privilegios de la vista y al privilegio de la intelección.

La muestra de la renombrada artista Susana Romero llegará a San Nicolás curada por el arquitecto Néstor Otero, luego de haber transitado foros del prestigio del Centro Cultural Recoleta y el Centro Cultural Borges.

El homenaje al Paraguay de Susana Romero

El Paraguay tiene la capacidad de hechizar a quienes lo visitan y mucho más a aquellos que han vivido en él. Otros países de América pueden subyugar por su paisaje, por su pasado precolombino o por su presente socio-político, pero la capacidad de hechizar hasta el enamoramiento que tiene el Paraguay —su historia, su paisaje, su pueblo— es única.

Así la argentina Susana Romero es la artista paraguaya Susana Romero. Ella vive de vuelta en Buenos Aires, pero su alma quedó en Asunción. Toda su obra se relaciona íntimamente con aquella cultura. Esta muestra de Susana en Asunción está centrada en el Kuruzú Jeguá. Para ella, el tema es punto de partida para desencadenar, de las maneras más diversas, su cántico visual a la vida: la de uno mismo, la de los otros, la de nuestros ancestros, las que vendrán como un continuo divino. Ella me dice: "Parto de lo que no vemos de uno mismo".

Leo un texto escrito por Carlos Colombino: "El Kuruzú Jeguá es un ejemplo existente en la religiosidad popular, basado en el culto eclesiástico a la cruz, pero escoge solo aquellos aspectos rituales que congenian con la sensibilidad comunitaria y desarrolla sus propias formas mezclándolas con otros signos religiosos. Un exuberante montaje consistente en un cobertizo de ramas verdes de las que penden rosarios de maní y cientos de chipas, que tienen formas de cruces, figuras, escaleras, y que remiten a los antepasados donde son convocados con cánticos, libaciones, juegos y oraciones que culminan con la comida colectiva del chipá".

El trayecto Susana lo hace por medio de grandes pinturas planteadas como pesebres y en papeles o fotos intervenidas que forman cruces. Así aparecen ante nuestros ojos los Kurusú de la Muñeca, de la Rosa, del Hombre, del Génesis (nacimiento, fertilidad), y los que llama simbólico y real. En sucesión de delicados objetos aparecen rosas disecadas, troncos espinosos, papeles impresos con pequeños insectos que interaccionan dentro de un espacio contenido por el transparente acrílico.

Con riqueza de estrategias, Susana Romero nos regala un entrecruzamiento de poéticas visuales de una delicada sensibilidad y belleza. El homenaje a la vida y a los ancestros se transforma en su homenaje al pueblo paraguayo. El punto de llegada es que, con su obra, Susana nos transmite el hechizo.

Otras voces sobre su obra

"Susana Romero es la representante de una nueva figuración que se sirve de la figura como elemento simbólico de un nuevo enfoque de la actitud del hombre y, principalmente, de la sociedad industrial. Su preocupación se conecta además con ese otro gran problema que reside en la confrontación del hombre frente a la conservación o posible destrucción de la naturaleza."
"De espalda siempre al paisaje de fondo, la figuración de Susana Romero, permaneciendo total en su forma, atraviesa por 'infiernos' sucesivos, y se integra y desintegra a un tiempo. El lápiz de colores manejado con suave trazo y en suaves tonos, hace más sugestiva su evanescencia. Las figuras de Susana son siempre mujeres: dato sugerente también en la formalización de esas metáforas de la angustiada escisión del ser. Podríamos ver en esta obra la presencia de una primera pintura esencialmente femenina."

Un prestigio ganado en las artes plásticas del Paraguay

Bajo el título "Los rostros de la memoria", el diario paraguayo Última Hora dedicó una nota completa a Susana Romero, describiéndola como una artista de origen argentino que maduró gran parte de su obra en Paraguay, país donde dictó cursos de pintura entre 1978 y 1989 y dirigió el Taller de Artes Visuales de Asunción entre 1987 y 1989.

La nota recoge opiniones de varios críticos y colegas sobre su obra. Livio Abramo la describió como representante de una nueva figuración que usa el cuerpo como elemento simbólico. La escritora y crítica Josefina Plá señaló que "las figuras de Susana se componen aisladas, fiadas a sus propias virtualidades significativas". La crítica y artista Olga Blinder observó: "cuando se siente que el pintor domina su técnica, cuando lo expresivo está estéticamente expresado, cuando los contenidos se transmiten a través de las formas simbólicas, se logra la plenitud de comunicación entre el público y el artista". Ticio Escobar sintetizó: "Susana Romero levanta sólidas estructuras plásticas [...] una imagen visualmente autosuficiente". Y Sarah Guerra, de la Asociación Internacional de Críticos de Arte, agregó: "es una artista lúcida de su propia circunstancia y de su tiempo".

Reconocimientos y homenajes póstumos

Susana Romero-Alayón falleció en Buenos Aires el 7 de diciembre de 2016. Su fallecimiento y su trayectoria fueron reseñados por la prensa paraguaya, y en febrero de 2017 el Museo del Barro —la institución que ella misma ayudó a fundar— le rindió homenaje con una muestra retrospectiva.

"Falleció artista Susana Romero"

La artista plástica Susana Romero falleció el miércoles, a la edad de 78 años. Romero, de nacionalidad argentina, estuvo muy vinculada al ambiente de las artes plásticas del Paraguay. Vivió veinte años en el país, de 1968 a 1988, y no solo desarrolló su obra allí, sino que también formó a varios artistas en los talleres que dirigió.

"Fue una amiga del arte y la cultura del Paraguay, a los que ha aportado generosamente y con gran calidad, no solo a través de su pintura sino mediante la enseñanza y el apoyo a la institucionalidad cultural. Pintora de notable oficio, ha desarrollado lo mejor de su obra en nuestro país", manifestó el crítico Ticio Escobar.

"Susana va a dejar un enorme vacío en los corazones de tantas personas quienes la quisieron y quienes admiraron su sensatez, solidaridad y buenos consejos; su constante aliento y apoyo a los amigos y amigas en momentos difíciles", escribió la artista Ysanne Gayet.

"Susana Romero: el trayecto paraguayo"

Dos meses después de su fallecimiento, el Centro de Artes Visuales / Museo del Barro inauguró una muestra retrospectiva dedicada a su persona y su obra. El propio museo la presentó así en sus redes: "Esta muestra rinde homenaje a la persona y la obra de Susana Romero, recalcando uno de los aspectos más cercanos a la historia del Museo del Barro y, probablemente, más ligados con el oficio y los afectos de la propia artista: la consistencia de su pintura alcanzada en el Paraguay."

"Este vínculo se basó en el compromiso de Susana con la incipiente institucionalidad de las artes visuales: la formación de jóvenes, el apoyo a la construcción de espacios para la promoción de las artes visuales, la exhibición constante de su obra y la representación del Paraguay en eventos internacionales. Así, la figura de Susana se encuentra fuertemente presente en los inicios del Centro de Artes Visuales/Museo del Barro."

Otras referencias bibliográficas

Además de los textos completos reproducidos arriba, la obra de Susana Romero fue reseñada o mencionada en otras publicaciones y sitios especializados en arte paraguayo y argentino. Se listan aquí a modo de referencia — algunos de estos enlaces, por su antigüedad, pueden no estar disponibles.

  • Portal Guaraní — Ficha biográfica y catálogo de obras
  • Arte del Mercosur — Susana Romero, por Sarah Guerra
  • "Diccionario de las Artes Visuales del Paraguay", Lisandro Cardozo, FONDEC, Asunción, 2005
  • Catálogo "Seis Mujeres en la Plástica Paraguaya", Espacio Unika, Punta del Este, enero de 1987 (coordinación: Gisela Van Thumen)
  • Diario La Nación (Paraguay) — "Muestra en homenaje a la mujer" (marzo de 2017)
  • Diario Última Hora (Paraguay) — diversas menciones y coberturas de exposiciones colectivas, 2011-2017